Luchas de poder
Las luchas de poder no van de ganadores y perdedores
Además de mantenerlos seguros, vestidos y alimentados, guiar a los niños hacia la independencia es una de las principales tareas de la crianza. Una de sus características principales es la transferencia gradual de poder del adulto al niño. Si ocurre demasiado pronto, los niños se desorientan y se asustan. Si ocurre demasiado tarde, invita a la rebeldía. La palabra clave aquí es “gradual”.
Como padres, todos queremos lo mejor para nuestros hijos y a menudo tememos de forma obsesiva por su bienestar futuro. Esto es comprensible. Sin embargo, hace que los sobreprotejamos limitando su libertad de elección. Debemos darnos cuenta de que la única manera de guiarlos hacia la edad adulta es permitirles gradualmente que tomen sus propias decisiones y acepten las consecuencias, por duras que sean.
“Dar a los niños poder, opciones y control fomenta la responsabilidad, la confianza y la buena voluntad, y los pone en el camino hacia la competencia. Las opciones ayudan a los niños a resolver problemas, negociar y llegar a acuerdos. Son herramientas valiosas que utilizarán a lo largo de su vida y contribuirán al nivel de competencia y autoestima del niño.”
—Jan Faull, M.Ed.
Las luchas de poder suelen producirse cuando los niños buscan poder y control más allá de su experiencia y capacidad, o cuando los padres se convierten en dictadores. La única ocasión en la que los padres deben afirmar su autoridad sin titubeos es cuando la lucha implica la seguridad del niño o vulnera los valores de la familia. En todas las demás luchas de poder, el objetivo es que tanto el adulto como el niño salgan ganando.
Establecer normas desde el principio evita la mayoría de las luchas de poder
La mayoría de las luchas de poder se producen cuando las normas y las expectativas de conducta no están claras o se aplican con laxitud. Establecer y hacer cumplir estas pautas desde el principio proporciona a los niños pequeños límites saludables dentro de los cuales tomar decisiones adecuadas. A medida que los niños empiezan a madurar y demuestran ser capaces de tomar buenas decisiones, los padres pueden, al mismo tiempo, empezar a ceder más poder y autonomía a sus hijos.
Por muy bien que sentemos las bases, las luchas de poder surgirán inevitablemente como parte del proceso normal de maduración de sus hijos. Y cuando lo hagan, el objetivo es hacer del problema el enemigo y no del niño. Como explica esta cita, es importante no pelearse con sus hijos ni ceder a sus exigencias, sino buscar una apertura y una oportunidad para reconducir el intento de rebeldía abierta de sus hijos hacia un camino positivo de toma de decisiones.
Active Parent Publishers ofrece una herramienta eficaz que los padres pueden utilizar para desactivar una lucha de poder y facilitar una conversación. Esta herramienta, llamada método FLAC, consta de cuatro pasos:
· Sentimientos (Reconozca lo que usted y sus hijos están sintiendo)
· Límites (Recuérdeles las normas establecidas en casa)
· Alternativas (Ofrezca alternativas u opciones aceptables)
· Consecuencias (Si no eligen una opción adecuada, aplique la consecuencia vinculada a la conducta)
Las consecuencias más eficaces son aquellas que están completamente bajo el control de los padres; por ejemplo, limitar el tiempo de pantalla o el tiempo con amigos, suspender la paga, los privilegios de conducir, quitarles el teléfono móvil, etc. Las consecuencias que dependen de la participación de los niños, como las tareas domésticas, probablemente desencadenarán una nueva lucha de poder. Dos métodos para utilizar las consecuencias de forma eficaz son la elección o bien/o bien y la elección cuando/entonces. Ambos métodos brindan a los niños la oportunidad de elegir una consecuencia positiva o negativa a través de su conducta.
En cualquier lucha de poder, mantenga sus emociones bajo control y hable con naturalidad. Recuerde: una lucha de poder siempre es una batalla emocional sobre quién tiene el control. Como padre o madre, debe mantener este papel hasta que sus hijos estén preparados para asumir el control y la responsabilidad de sus propias vidas.
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