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¡Conozca a la increíble mujer cuyo amor cambió 43 vidas jóvenes para siempre!

Durante los últimos 18 años, Rozan Haynes ha acogido a 43 niños en su hogar. No es una errata. Cuarenta y tres niños y niñas la han llamado “mamá” y se han convertido en adultos exitosos y productivos gracias a los cuidados amorosos que ella les brindó.
Ella afirma: “Algunos de ellos llegaron a mí cuando tenían 3 o 4 años y se quedaron conmigo hasta que terminaron la escuela secundaria. Así que, en realidad, yo los crié”.
Rozan, quien recientemente se “jubiló” de acoger a más niños en situación de riesgo, fue homenajeada por Olive Crest. “Estoy en el séptimo cielo por el amor que me han demostrado”, dice. “Qué manera tan maravillosa de jubilarse”.
Desde el momento en que la conoce, es fácil ver que Rozan es una persona especial. Irradia alegría, entusiasmo y amor por Dios y por los niños. Fue su fe lo que la llevó por primera vez a Olive Crest. “Lo volvería a hacer todo de nuevo si pudiera”, asegura. “De hecho, desearía poder hacerlo todo de nuevo”.
“Cuando amas a Dios, simplemente vas a amar a sus hijos de forma natural”.
Rozan, una consumada escritora con muchas canciones de góspel y relatos cortos en su haber, dice: “Cuando cuidas de niños, estás escribiendo su historia. Estás eliminando el dolor y escribiendo alegría. Eliminando la ira y escribiendo felicidad”. Explica que los niños que pasaron por su cuidado habían sufrido abusos, abandono y negligencia. “Habían visto tantas cosas que los niños no deberían ver. Les dije: ‘Sé que no olvidaréis vuestro pasado, pero podéis dejarlo a un lado, pasar página y empezar a escribir una nueva historia para vuestra vida’”.
“Estos niños necesitaban compasión”
Sí, hubo momentos difíciles en el camino. “Hubo algunos niños que al principio no creía que pudiera manejar”. Uno se golpeaba la cabeza contra la pared. Otro se autolesionaba. Un niño de 4 años amenazó a una niña con un cuchillo de plástico, imitando la ira y la agresión de su padre. “Estos niños necesitaban compasión… alguien a quien le importara lo suficiente como para escuchar, así que eso fue lo que hice. Siempre les hacía saber: ‘hagas lo que hagas, yo no me voy a ninguna parte, y tú tampoco. Vamos a superar esto juntos’. Y eso fue lo que hicimos”.
Añade: “Tengo que decirle que Olive Crest me dio el mejor apoyo que jamás hubiera podido pedir. Siempre estaban a solo una llamada de distancia”.
Aunque los hijos de Rozan ya han crecido, ella sigue en contacto con varios de ellos. Un joven está cumpliendo su sueño de servir en las Fuerzas Aéreas. Otro es un exitoso corredor de seguros. Uno acaba de comprar su propia casa. “Estoy muy orgullosa de ellos”, afirma.
“¿Quién podría pedir más?”
Sus ojos se iluminan cuando piensa en un joven llamado Shad, que fue a verla tras enterarse de que la habían operado de la rodilla. “Intentaba incorporarme para hablar con él”, recuerda, “pero él me dijo: ‘Mamá, sé que te duele. Tienes que estar en la cama’. Así que me llevó a mi habitación y me arropó en la cama. Luego se sentó en una silla y habló conmigo durante mucho tiempo”. Se sintió profundamente conmovida por este acto de ternura de un joven que una vez estuvo preocupado, enfadado y perdido.
“Ha habido gente que me ha dicho que no sabe por qué hice lo que hice, que ellos no podrían hacerlo”, dice. “Pero ser madre de acogida me ha dado tantas cosas maravillosas. Solo ver a un niño que sentía que nadie lo quería empezar a florecer, a crecer y a encontrar su lugar en el mundo. ¿Quién podría pedir más?”.

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