Una vocación, una familia y un niño especial

Hadley Pinnow nunca había estado más segura. La primera vez que vio a Hunter, supo que quería adoptarlo para que formara parte de su familia.
Hunter padece una parálisis cerebral grave y ha pasado la mayor parte de su vida en silla de ruedas. Su situación era aún peor porque era víctima del síndrome de Munchausen por poderes, una afección en la que alguien crea problemas médicos a una persona a su cargo (en este caso, Hunter) para obtener la simpatía y el apoyo de los demás. Hunter sufrió este abuso durante años.
El abuso casi acaba con su vida
Hunter fue al médico 200 veces en un solo año. Tomaba docenas de medicamentos. Pasaba la mayor parte del tiempo postrado en una cama de hospital, alimentado por una sonda y sin ningún tipo de estimulación. Cuando el tribunal intervino finalmente y lo sacó de su hogar, estaba al borde de la muerte.
Cuando Hadley lo vio por primera vez —en un vídeo de un sitio web sobre niños que esperan ser adoptados—, su espíritu amable y alegre la cautivó. “En el momento en que empezó a reproducirse el vídeo, me quedé pegada a la pantalla. Era tan tierno con su cuidador y estaba sonriendo… Había algo especial en él”.
Admite que no sabía mucho sobre la enfermedad de Hunter ni sobre sus necesidades médicas, pero eso no importaba. “Creo que cuando rezas de verdad sobre a quién quiere Dios en tu hogar, y sabes que está destinado a ser así, también sabes que puedes gestionar cualquier cosa que Él te dé”.
Hadley y su marido John, inspector federal de estructuras de aviación, tienen cuatro hijos biológicos: Sophia, Noah, Sam y Ben, cuyas edades oscilan entre los 12 y los 21 años. También tienen otro hijo adoptado, Matthew, de 6 años, y dos niños de acogida.
Hadley se ríe al recordar que John estaba de viaje por trabajo cuando vio el vídeo de Hunter. También estaba fuera de la ciudad cuando vio a Matthew por primera vez hace casi tres años. Ahora, cuando John se va de viaje, bromea con ella diciéndole: “No adoptes a nadie mientras no esté”. Pero lo cierto es que comparte la pasión de su mujer por los niños que sufren. Ambos sienten que es una llamada de Dios. Hadley afirma: “Decidimos que queríamos acoger a niños con necesidades especiales importantes, porque son más difíciles de adoptar”.
Hunter encajó bien en la familia Pinnow desde el principio. “Es tan cariñoso”, dice Hadley. “Y sé que es feliz. Habla de nosotros como su familia y me dice que me quiere cinco veces al día. Hablamos de cómo Dios nos lo entregó. Yo le digo: ‘Hunter, ¿sabes que eres increíble?’, y él responde: ‘Sí, Dios’. Sabe que Dios lo hizo increíble”.
“La mejor decisión que hemos tomado jamás”.
Los Pinnow han tenido que hacer algunos ajustes y sacrificios por el camino. Hadley renunció a un negocio de éxito para cuidar de sus hijos con necesidades especiales. Aun así, no se arrepiente de nada. “Estoy llena de alegría. Adoptar a estos niños fue la mejor decisión que hemos tomado nunca. Nuestra fe ha crecido mucho. En el momento en que dejamos de vivir para nosotros mismos y empezamos a vivir para estos niños, nuestras vidas se transformaron”.
Los Pinnow están agradecidos por la ayuda que han recibido de Olive Crest, un apoyo que ha sido posible gracias a amigos generosos como usted. “Siempre están ahí para hablar con nosotros y rezar con nosotros cuando lo necesitamos”, dice Hadley. “No considero a Olive Crest solo como una organización que coloca a niños en hogares. Pienso en Olive Crest como un grupo de personas que aman y apoyan a los niños y a las familias de la comunidad. Olive Crest está marcando una gran diferencia en la vida de muchísimas personas”.
Cuando se le preguntó si tenía algún consejo para las personas que se están planteando adoptar o convertirse en padres de acogida, dijo: “Deberían considerar en oración a quién quiere Dios situar en sus hogares. No pongan demasiadas restricciones sobre a quién están dispuestos a acoger. Estoy tan enamorada de cada niño que tenemos, y eso es porque Dios nos los trajo. No es lo que nosotros elegimos. Dios los trajo aquí”.
